Contemos historias. Historias cotidianas de esas que forman y conforman el alimento esencial, esas mondas y migajas, y qué mejor manera de hacerlo que mediante las imágenes y los relatos de todas. 
Pina y Carmen, Madres de Plaza de Mayo.
Pina y Carmen, Madres de Plaza de Mayo.

Pina y Carmen, Madres de Plaza de Mayo.

(Las Madres de Plaza de Mayo. Parte II).

De las primeras Madres, ya quedan poquitas. Pina y Carmen siguen marchando. Veamos un poco de sus historias…

Palabras de Josefa de Fiore, Pina. 93 años.

Mi hijo trabajaba en Peugeot. Un día fueron a buscarlo a la fábrica. Y empezaron a cantar el himno nacional y vino ronco. Digo, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás ronco? “Mamá, me habían venido a buscar a la Peugeot, pero como empezaron a cantar el himno Nacional, se cansaron y se fueron”.

Ese día no lo llevaron.

Unos días antes de la Navidad del 77, vinieron a mi casa, y mi hijo Enzo, Enzo lo llamaban, no estaba en ese momento. (…) Había mucha gente. En mi casa estaban cargando una heladera comercial.

  • “Bueno, cargue la heladera y váyase”.

Y muti. Así hicieron los chicos. Cargaron la heladera y se fueron.

Había un montón que habían venido de la Fuerza Aérea. Ellos esperaban hasta que viniera mi hijo. Cuando llega… (Se le va apagando la voz), me dejaron salir para saludarlo, abrazarlo… (Carraspea). Lo abracé y lo pusieron en un Torino blanco. A mitad de cuadra me hizo así, (saluda). De ahí nunca más. Después, por otro paisano, Favazza, que era compañero de trabajo, supe que estuvieron en la Brigada de Quilmes.

En la Brigada de Quilmes lo torturaron para que hablara mi hijo. Dice, “yo no tengo nada, lo que soy lo saben todos…”

Tenía barba larga. Le dijeron que se afeitara. Se afeitó. Le sacaron foto y de ahí no lo vieron más. Yo pienso que habrá sido el final en ese momento.

  • ¿Y ustedes no pudieron hablar con él? ¿Ni les contaron dónde estaban ni nada?

Yo fui a la Brigada de Quilmes. Entonces, cuando subí la escalerita, me dejaron pasar. Después lo retaron al que me dejó pasar. Porque mi hijo estaba adentro. Dice, “¿por qué la dejaste pasar?” Y dice, “no sé contra excepciones que le dijo”.

Pienso que habrá sido el final. Hasta ahí sé. Nada más.

(…)

Yo nací en Italia. Soy de San Mauro Castelverde. Y mi hijo también. Tuvimos un mes de viaje. Vinimos en barco. Él comenzó a caminar en el barco. Estaba lleno de alemanes. A mi hijo se lo pasaba uno a otro, a otro… porque era rubio, rubio. Blanco casi. Y después, mira todo lo que pasó aquí.

Vinimos porque mi marido hizo 6 años de guerra. Me llevaba muchos años. Y no le dieron ni una lira a los partisanos. Y mi marido no tenía trabajo. Y acá estaba un hermano que era argentino, entonces mi cuñado dice, “vengan a Argentina que hay trabajo”. Llegamos a la Argentina un día como hoy, y al día siguiente mi marido entró a trabajar en la Bernalesa.

(…)

  • ¿Y cuántos hijos tuvo usted?

Dos. Mi hija tenía 13 años cuando se llevaron a mi hijo.

Palabras de Carmen Arias. 82 años.

Mi mamá estaba justamente entregando un Habeas Corpus en la provincia, en La Plata, y una madre le pregunta, “¿Qué te pasó a vos?”, “Bueno, me llevaron a mi hijo”. “Los jueves en la Plaza de Mayo hay un grupo de madres que marchan”. Mi mamá se unió al grupo y así se fueron juntando. Así empezó la marcha. Después eran muchísimas. La marcha no la dejamos nunca, únicamente en la pandemia que no pudimos ir a la Plaza, pero Hebe hacía la marcha desde su casa. El programa salía igual hablando desde su cocina. Ella decía “de la cocina a la Plaza, primero, y después de la Plaza a la cocina”.

(…)

Yo soy hermana de un desaparecido, pero las Madres me hicieron Madre, y nada menos que Madre de Plaza de Mayo. A mí me dieron el pañuelo yendo a Luján a conmemorar los 40 años de la primera vez que se pusieron el pañuelo (…). Entonces iba y Hebe me llama. Me dice “vení Carmen”. Digo, ¿qué pasa? Íbamos en el minibús. Y me dice, “toma esto para que lo uses siempre con nosotras”. Y yo no pude aguantar a llorar.

Y en ese momento se me vino… Yo no tengo hijos. Y se me vino a la memoria una frase que me dijo mi hermano, antes de que se lo llevaran en un momento que nos vimos a escondidas. Me dice, “flaca, más importante que tener un hijo es sentirse madre de todos los hijos del mundo”. Entonces yo en ese momento dije, “bueno, mi hermano y las Madres me hicieron madre”.

(…)

A mi hermano, se lo llevaron de un departamento. Él vivía en Lanús, porque a los pocos días, a los dos o tres meses de comenzada la dictadura, a mi padre le allanan la casa dos veces en un mes, buscándolo a él, por supuesto. Él en ese momento no estaba en la casa, entonces él toma la decisión de irse a vivir con su compañera, alquilaron un departamento, lo que se llamaba en ese momento la clandestinidad, pero al año más o menos de vivir ahí, lo van a buscar y se lo llevan.

Nosotros de mi hermano no tenemos ninguna información como en el caso de Pina, porque a mi hermano sospechamos, se lo llevaron muerto de ahí, porque la casa la destrozaron, las puertas… Se los llevaron a los dos y lo que nos cuenta la gente de ahí de la casa es que cuando se lo llevaban escucharon que ella lo llamaba y él nunca le contestó.

Después mi esposo fue a buscar las pertenencias que habían quedado ahí y antes de que yo venga de mi trabajo, quemó el colchón. Entonces yo le dije, “¿por qué si estaba nuevo?” “No”, dice, “estaba pisoteado”. No, no estaba pisoteado, estaba lleno de sangre. Y ahí dedujimos que, que… Se lo llevaron muerto. Se lo llevaron o muy mal herido o muerto.

  • ¿Y de la compañera tampoco supieron nada?

Tampoco supimos nada.

(…)

Yo nací en Lugo. Vivíamos en Navia de Suarna, un pueblo muy bonito, pintoresco en su paisaje, con un río, el río Navia, que pasa también por Asturias. Todo muy bonito, pero el que no tenía tierras, era pobre porque no había trabajo. Vinimos huyendo de la situación que había en España en ese momento. Claro, el poder. Estaba Franco. Tenías que ser de la falange sí o sí.

Llegué a la Argentina el 30 de septiembre de 1950. Mi papá había venido un año antes. Llegó el 9 de julio del 49 y bueno, se instaló en la casa de unos primos y después, cuando ya tenía trabajo, que pudo ahorrar, nos trajo a nosotros. Mi hermano Ángel, nació un año después. Él era el único argentino.

“Las madres tenemos un respeto impresionante por nuestros hijos y los amamos cada vez más. Cada vez sentimos más fuerte el amor por nuestros hijos. Ese agujero que deja la desaparición que parece que te falta algo adentro, ¿no? Uno tiene algo que no se puede explicar. La desaparición de un hijo no se puede explicar pero te queda un vacío. No se sabe qué es. Y eso hay que llenarlo de amor, de amor por el pueblo, de lucha, de sentimiento que le falta a la clase política. Nosotras hacemos política, ética, moral y de sentimiento, de amor. Y cuando uno ama a otro, es capaz de darle un montón de cosas. Hasta la vida. Y es lo que estamos haciendo nosotras”. (Palabras de Hebe de Bonafini en una entrevista realizada por Jesús Quintero en 1991, Presidenta de la Asociación de las Madres de la Plaza de Mayo por muchos años. Recordada con fuerza y cariño por sus compañeras y todas las personas que las rodean).

Fotografías de archivo de Juan Carlos Gargiulo. Fueron tomadas en los años 1988 y 1989: