Contemos historias. Historias cotidianas de esas que forman y conforman el alimento esencial, esas mondas y migajas, y qué mejor manera de hacerlo que mediante las imágenes y los relatos de todas. 
Santa Águeda y las tradiciones segovianas.
Santa Águeda y las tradiciones segovianas.

Santa Águeda y las tradiciones segovianas.

A Santa Águeda, patrona de las mujeres y símbolo de la fortaleza femenina, se le atribuyen infinidad de poderes: cuidado durante los embarazos y los partos, evitar incendios, espantar malos espíritus y enfermedades del ganado, augurar buena cosecha … ¡Santa multitask!

Para festejarla en tierras segovianas, hay que adentrarse más en su idiosincrasia.

Cuenta esto de la tradición, que allá por el año 1227, en tiempos de la Reconquista, cuando los musulmanes moraban en el Alcázar de Segovia, las mujeres de Zamarramala, vestidas con sus mejores galas, comenzaron a rondar y danzar ante la guardia, distrayéndolos, y permitiendo a los cristianos sitiar la fortaleza y tomar la ciudad.

Narran que desde aquel día, la fiesta en Zamarramala no ha dejado de celebrarse, además de extenderse a otras plazas de los barrios y pueblos allegados.

Así se ganaron su bastón de mando las “zamarriegas”. Por una jornada. Sin quejas.

Ahora, durante unos días, se elige a las aguederas. Mujeres casadas, aunque por falta de ellas, algunas solteras también se aceptan.

A la fiesta se han incorporado una serie de elementos, entremezclados; religiosos y paganos.

La vestimenta al ser tan delicada tiene que estar bien conservada. A veces, no queda otra que ser remendada. Esto pone en valor el peso de la tradición.

Se corona a las alcaldesas por excelencia, con la montera. Trajes regionales, portando manteos y jubones, mantillas, lazos y hebillas en los zapatos.

Entre la orfebrería, lucen crucifijos, monedas de Carlos III y toda su dinastía, botones charros, la Virgen de la Fuencisla, la del Rocío y muy diversas platerías.

Misa, procesión, premios y pregón… Pero el fervor de las miradas, se centra en el ardiente muñeco de paja. “El Pelele” arde lentamente mientras abuelas, madres, nietas y suegras, bailan en corro a su alrededor y el vecindario las observa.

No se esperaría la Santa, ni el Quinciano torturador, que tras cortarte a Águeda las tetas y ponerlas en una bandeja, encerrarla largos periodos en una celda y someterla a múltiples castigos, su nombre daría paso a esta tradición.

El caso es que en estos tiempos se aúnan las mujeres, la tajá, las jotas, el vino y la cerveza, ocupando todas las mesas y ahuyentando los malos augurios hasta la siguiente juerga.

Barrio de San Lorenzo, Segovia. 2025