Contemos historias. Historias cotidianas de esas que forman y conforman el alimento esencial, esas mondas y migajas, y qué mejor manera de hacerlo que mediante las imágenes y los relatos de todas. 
Agustín, el Cuerno
Agustín, el Cuerno

Agustín, el Cuerno

De 10 años cuando íbamos al colegio y salías al recreo, tenías que pedir permiso “tengo que llevar la comida pá tal sitio y pá tal otro”. Iba desde aquí con la comida al Salto, a las mismas Arribes que trabajaba pá allí mi padre unas fincas de un señor. Alguna que otra vez llegué al portillo por donde entrábamos pá la finca con la comida y…¡al suelo!
De esto no te faltó nunca ¡eh! (Mueve la mano abierta con la palma hacia arriba de izquierda a derecha). De esto te daban a punta pies.

La mitad de los días no iba a la escuela. Desde los 12 años ya fuera. Yo lo poco que aprendí, lo aprendí en la mili. Me tocó en Zaragoza en casa de un tío. Me reclamaron porque mi tío era mutilao de guerra y me mandaron allí. Con que así andábamos en la vida.

Mi padre tenía 12 o 13 ovejas y me tocó andar con ellas. Yo he tenido hasta 100 cabezas. Y por aquí por los praos andábamos. Después de eso, tenías que andar pal campo tirando del zacho, de a hoz… De todo, de todo, de todo… Nos tocó de todo para luchar la vida. Pá aquí andábamos. Arreventaos siempre.

Estuve pá Alemania. ¿Qué tenía? Ya tenía tres chavales. Me fui solo. Bueno, con otro de aquí del pueblo. Ya somos como familia. A nosotros nos apreciaban. No nos desapartábamos uno del otro, ¿sabes?. Trabajé haciendo casetas. Mejor dicho, haciendo los paneles que hacíamos con unas chismas igual que las persianas. También allí me tocó lo mío. Como no se entendía el habla, me decía el maestro, “Agus, ven, come, come, come…”, y me daba explicaciones de lo que había que hacer.

Estábamos con un montón de gallegos y de andaluces pa allí. Encantaos estuvimos. Ganamos buenas perrillas entonces. Tres años estuvimos. Tres años y tres meses. Y me vine, sin cobrar una puta perra del último mes. Lo reclamé pero digo ¡bah! El patrón era un borracho de marca mayor. Le gustaba chupar y cobrábamos al mes.

Con que eso es lo que hay hija. Ya voy caminando para los 85.

Aldeadávila de la Ribera, Salamanca, España